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Por: Carlos Alexis Rivera CNP 10746
Fotos: Luis Cobaría
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La segunda corrida de la Feria de San Sebastián se saldó con la salida a hombros de David de Miranda y Jesús Enrique Colombo, un resultado que, analizado con rigor, resulta excesivo para el contenido real de lo sucedido frente a los toros de Los Aranguez. En una tarde de clima agradable y más de media entrada, el triunfalismo del palco y la buena disposición de los espadas taparon las carencias de un encierro que, en su mayoría, careció de casta, fuerza y clase.
De Miranda: Un oasis de temple
Lo más reseñable de la función corrió a cargo del onubense David de Miranda en el segundo de la tarde. El toro, que a la postre fue premiado con una vuelta al ruedo, permitió al español dibujar muletazos de buen trazo, especialmente por el pitón derecho. Hubo dominio y sobre todo, la pausa que le faltó al resto del festejo. Tras una estocada efectiva, le concedieron las dos orejas. En el quinto, se estrelló con una pared, un animal parado y sin opciones, donde solo pudo abreviar.
Colombo: Conexión y voluntad
Jesús Enrique Colombo mostró que sigue teniendo ese contacto directo con los tendidos, sobre todo en su tierra. Estuvo vibrante en banderillas, su tercio más sólido, pero en la muleta a pesar del esfuerzo su labor no tuvo el resultado esperado producto de las dificultades de los toros que le correspondieron en suerte. Al tercero de la tarde, otro ejemplar premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, lo toreó con tandas largas y templadas. Cobró una estocada fulminante y paseó los dos trofeos. En el sexto, alargó la faena en exceso ante un toro que se quedaba corto, perdiendo la oportunidad de sumar más apéndices tras fallar, de manera extraña, con el acero
El infortunio de De Justo
La cruz de la moneda fue para Emilio de Justo. El extremeño pechó con el peor lote de una corrida, toros de parejas hechuras pero de nulo juego. Su primero fue un animal indeciso, de medias arrancadas, al que intentó someter con técnica sin éxito. El mal uso de la espada y el descabello empañaron su labor, escuchando un aviso. En el cuarto, el "lunar" del encierro, De Justo se mostró profesional y firme, robando pases a un toro que nunca quiso embestir, terminando su paso por San Cristóbal en un silencio absoluto que no hace justicia a su esfuerzo.
Ficha del Festejo
Toros de Los Aranguez, bien presentados pero de juego decepcionante por su falta de raza y recorrido.
Destacaron 2º y 3º, premiados con vuelta al ruedo en el arrastre.
Emilio de Justo (azul noche y oro) Silencio tras aviso y silencio.
David de Miranda (sangre Toro y oro) Dos orejas y silencio.
Jesús Enrique Colombo (Tabaco y oro) Dos orejas y silencio.




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