Picador Rigoberto Bolívar (1924 - 2012) Foto: El Tato
Fue verme ante el sombrero castoreño andaluz que Rigoberto Bolivar me obsequió en Rubio y de narrarme los pasos vividos junto al inmenso César Girón en Madrid, Sevilla, Barcelona y hasta la Insurgente de Ciudad de México. De San Cristóbal del Café a Mérida de "Las Cinco Águilas Blancas", hasta Bogotá de la Santa Maria.
Habiendo visto al notable picador de las monumentales del mundo entre las imágenes casi del Quijote de la mancha a los caminos de las bravura de los toros desde los sementales de los Domec hasta Don Victorino Valencia de los Ríos como de los templos a los Molinos del viento.
Como si existieran las plegarias del fuego o " la Vara Rota" del neoclásico Pintor Arturo Michelena hasta la solemnidad de Joaquín de Sorolla. De saber entender a los picadores pintados por Diego Rivera y acercarnos a la leyenda del Rosario con diamantes que Ava Gardner le regaló a César Girón en Pamplona en los días Navarros de los Sanfermines, donde lo describió de locuras Ernest Heminway junto a los pañuelos rojos. Había que escuchar al mulato picador de Maracay y vestir en Rigoberto Bolívar los sustos de las multitudes en las grandes suertes de Varas.
Lo viví y lo sentí desde San Sebastián hasta Las Ventas, de Alicante a la hermosa Ciudad Condal de los catalanes. Los años pasaron corriendo los recuerdos y un día en el interesante encarte del Diario de La Nación que dirigía el maestro y periodista Víctor Matos, le escribí una meditación al picador Bolivar. Era sentir las ceremonias del caballero ante la fuerza brava del toro. La publicación llenó los comentarios del hombre testigo de las ferias del mundo y convertido en oficinista de cedulaciones en la ciudad pontálida.
Más una mañana fui a la Policlínica Táchira de San Cristóbal y en el restaurante de este centro de médicos, en una mesa, rodeado de amigos y de su esposa, Rigoberto Bolivar mostraba la página de mi escrito al noble picador de los grandes maestros y mostrando la lectura; se sentía el más grande del mundo. Yo, observé el acto y sin dejarme ver me fui del lugar. Era una manifestación de orgullo taurino del personaje de las multitudes.
Volví ayer a cada recuerdo
* Artista Nacional. Maestro Honorario. Presidente de la Comisión Taurina de La Grita del Táchira. Doctor en Arte. Cronista del Municipio Jáuregui

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