Rodríguez Vásquez (der) y Tomás Campuzano, mentores y representantes de la carrera del nuevo valor, el matador murciano Filiberto
Está más que comprobado que la tauromaquia es un arte individual y que ser maestro de toreros requiere de una paciencia infinita. En esta profesión, todo se rige bajo un estricto orden técnico y físico orientado a descubrir las condiciones psíquicas y somáticas de los aspirantes. En este sentido, quiero referirme al matador de toros Rodríguez Vásquez, no solo por la amistad que nos une desde hace más de cuarenta años, sino por mi profunda admiración a su valentía, perseverancia y capacidad para cruzar fronteras. Con ello, ha demostrado el talento que la mezquindad y la envidia le arrebataron a la otrora reconocida cantera taurina aragüeña.
En el año 2006 tuve el honor de acompañarlo en la junta directiva de la Escuela Taurina «Pedro Pineda» de Maracay, de la cual fue director y maestro. En aquella época nos contagió a todos de su empeño por dar prestigio a un centro de enseñanza que funcionaba en la emblemática Maestranza «César Girón». La realidad entonces fue muy dura, pues algunos no supieron valorar su potencial; pero esa es otra historia que bien podríamos contar en una próxima entrega.
Por ahora, debo destacar que lo que comenzó hace cuatro años como un viaje de 30 días —planeado inicialmente para visitar a su hija Isabel en Madrid y luego viajar a Sanlúcar de Barrameda para saludar a su sobrino, el torero El Califa de Aragua— se convirtió en la premonición de un cambio radical en su vida. El destino lo llevó de golpe al terreno que jamás le ha sido esquivo: ser instructor de toreros consagrados y maestro de nuevos aspirantes.
¡Y vaya si lo logró! Rodríguez Vásquez fue nombrado director de la Escuela Taurina «El Volapié», perteneciente al prestigioso circuito de escuelas «Pedro Romero» de Andalucía. La sede de esta institución es la mismísima plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda, en la provincia de Cádiz. Allí alterna la pedagogía con el entrenamiento de campo, siendo una pieza fundamental en el desempeño actual del matador de toros José Antonio Valencia y del incombustible Hassan Rodríguez «El Califa de Aragua». Además, predica con el ejemplo en cuanta oportunidad se le presenta, demostrando en el ruedo la solvencia de su tauromaquia personal.
Bien cabe la frase de que «nunca es tarde para empezar de nuevo». El destino suele sorprendernos con segundas oportunidades cuando menos lo esperamos, y para él ha sido un feliz renacer en lo que más le apasiona. En una breve conversación telefónica, nos transmitió el entusiasmo que comparte con un nutrido grupo de jovencitos a los que imparte su disciplina. Asimismo, apuesta fuerte por el matador de toros murciano Filiberto, de quien es apoderado junto al reconocido maestro Tomás Campuzano.
Para consolidar esta labor, Rodríguez Vásquez mantiene un sistema promocional muy efectivo a través de las redes sociales. Con una constante profusión de textos, fotografías y videos, enaltece el día a día de la Escuela Taurina «El Volapié», basando su prestigio en la capacidad de moldear a los novilleros bajo un estricto régimen técnico, físico y ético.
Ver que su esfuerzo está dando frutos se siente en la distancia como una victoria compartida. Es un hermoso recordatorio de que los kilómetros no debilitan el cariño y de que las metas se pueden alcanzar sin importar el destino. Como dice el viejo refrán: «A veces hay que buscar nuevas tierras para poder florecer». Con paciencia y dedicación, ¡este éxito se lo ha ganado a pulso!
El maestro Rodríguez Vásquez al lado del legendario diestro sanluqueño Paco Ojeda



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