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31/8/26

Colombo y ‘Venteadoro’, de Partido de Resina: Entrega y exigencia en Cuéllar

El diestro venezolano desorejó al gran ejemplar de la divisa sevillana, a la postre premiado con al vuelta al ruedo Foto: mundotoro

por: Marcos Sanchidrián - mundotoro . .


Las lágrimas del ganadero Tico Morales cuando ‘Venteadoro’, nº7, se tragaba la muerte de bravo en los medios de la plaza de Cuéllar eran reflejo de años de esfuerzo, paciencia e ilusión por recuperar una estirpe legendaria en la ganadería brava. Partido de Resina encontró en Cuéllar un pilar para construir su recuperación y, año tras año, ha ido revalidando la condición de un futuro esperanzador. Hoy, las expectativas empiezan a transformarse en realidad: una corrida en tipo -excepto el grandón segundo-, seria pero retornando a los orígenes del Pablo Romero de antaño que embistió a las figuras. Hocico chato, bajo de manos, estrechos de sienes, enseñando las palas. Cuatro toros embistieron en distintos grados de bravura y otro se rajó después de dos tandas arrancándose de largo. No es un balance baladí. Un encierro lleno de matices, que tuvo en el quinto, ‘Venteadoro’, nº7, premiado con la vuelta al ruedo, a su gran protagonista. También destacó el tercero que tuvo una entrega y la calidad en su embroque. Con ellos triunfaron, algo también importante, Jesús Enrique Colombo y Pablo Atienza que salieron en hombros. El venezolano exigió por abajo al bravo quinto y el segoviano cuajó naturales de veinticuatro quilates, en una faena que debe devolverle más oportunidades.

El quinto fue el prototipo del toro de Pablo Romero: cárdeno claro, estrecho de sienes, hondo y con cuajo. Colombo lo dejó en largo en dos ocasiones y brilló la suerte de Israel de Pedro, que movió al caballo y citó con elegancia. Le costó más al toro el segundo encuentro, pero empujó hasta levantarlo de manos; el picador, perfecto en cada movimiento, resistió. Después de un quite por chicuelinas, el venezolano mostró su absoluta superioridad en banderillas con un perfecto par a la moviola. ‘Venteadoro’, nº7, fue un toro importante, que embistió por abajo, con recorrido y entrega, en una faena muy exigente por el trazo largo y la mano baja que imprimió Colombo. Lo mejor llegó al natural, en una tanda rotunda. Hubo petición de indulto, pero, después de una larga faena, Colombo no se dio coba y le pegó un espadazo. La muerte fue de bravo. Las dos orejas fueron incontestables y la vuelta al ruedo, en olor de multitudes, para un toro que trae alegría e ilusión a los partidarios del toro de Partido de Resina.

Largo de viga, hondo y con los pitones mirando al cielo, el segundo salió como un tren de mercancías. Le pegaron duro en el caballo, con un profuso sangrado. Jesús Enrique Colombo firmó un reunido tercio de banderillas, sobre todo en el segundo par, de poder a poder en los medios. Solo mover el pesado esqueleto del de Partido de Resina ya tuvo mérito, pero, además, tuvo nobleza a pesar de que tuvo mejor inicios de embestida que finales, con la cara por encima del palillo. El venezolano se precipitó en dos ocasiones en la suerte suprema, antes de dejar una estocada caída.

El tercero, otro toro de bellas hechuras, se dejó pegar en dos duros puyazos y salió suelto. El segoviano Pablo Atienza, con menos recorrido que sus compañeros, precisó de una primera parte de tanteo: siempre empapado en la muleta, muy bien colocado, mostrando un concepto clásico que no pasa de moda. Lo importante sucedió con la mano izquierda, siempre muy plana, siempre de frente, ofreciendo el pecho, cuando comenzaron a brotar naturales magníficos. Atienza estaba entregado, mientras ‘Botito’, nº5, embestía con gran calidad. El embroque, rota la cintura, tuvo la expresión de un torero grande. En la última tanda al natural, siempre de toreo fundamental, nada de artificio, de frente y a pies juntos, hubo un natural ligado con el de pecho que marcó el destino de un torero. Esta faena y este toro eran para no marrarlos con la espada porque hay historias que no se pueden perder. La estocada quedó arriba después de que Atienza saliese prendido por la axila. El premio fueron las dos orejas, pero en el ambiente quedó una sensación que va más allá de los trofeos. Pocas opciones tuvo frente al sexto, donde asomó cierta zozobra ante un toro serio que vendió cara su muerte.

Guapo fue el primero de Partido de Resina, fiel a su estirpe: bajo, de hocico chato, estrecho de sienes y enseñando las palas. Empujó abajo en dos puyazos muy traseros, aunque en el segundo buscó pronto la salida, con la puya enebrada en el lomo, que le provocó un profundo corte. El cárdeno galopó con buen son y se vino arriba en un efectivo tercio de banderillas. Sobre la mano izquierda, Damián Castaño relajó la figura para componer, con mayor estética que mando, bonitos naturales. ‘Media suelo’, nº24, colocaba perfecto la cara perfectamente al comienzo del muletazo y no permitió ningún renuncio. Cuando el salmantino le perdió el respeto, le prendió por la parte trasera de la rodilla y le propinó una fuerte voltereta. Visiblemente lastimado, aunque sin cornada, dejó una estocada que hizo guardia y se alargó con el descabello.

El cuarto, más basto de hechuras, manseó en los primeros y barbeó tablas. Damián Castaño, pura sinceridad cada vez que se viste de luces, le dio distancia y todas las ventajas para que ‘Palmeño’ se viniese arriba. Y vaya si lo hizo. El cárdeno vino galopando en dos tandas de gran emoción, que remató con sendos trincherazos. Solo fueron dos porque el toro ya no volvió a ser el mismo, una vez que sabía lo que le esperaba tras la muleta del salmantino. Ahí salió el toro del primer tercio, gazapón en el último tramo lo que complicó la suerte suprema.

Ficha:

Lunes 31 de Agosto de 2026
Plaza de toros de Cuéllar (Segovia). 
Segunda de abono. Casi un tercio de entrada. Toros de Partido de Resina, bien presentados. El bravo quinto, ‘Venteadoro’-7, fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. También destacaron el tranco del primero, la nobleza del segundo y la entrega del tercero, para 

Damián Castaño, silencio tras aviso y silencio tras aviso; 

Jesús Enrique Colombo, silencio y dos orejas; 

Pablo Atienza, dos orejas y silencio tras aviso.

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